
Me pregunto si quienes protestan en contra de la píldora del día después y los anticonceptivos hacen alguna mísera cosa por mejorar el pequeño mundo que los rodea. Algún pequeño acto que los avale y contribuya a que este sistema no sea tan individualista, discriminador e injusto como se percibe. Cómo puede decirse que se habla en el nombre de Dios de una forma tan resuelta. Cómo se puede sentenciar a otro y prohibirle algo si no hemos vivido su vida ni menos hemos estado ahí para apoyarlo. ¿Qué más que estar en contra de Dios y de su palabra que no amar al prójimo? Qué ganas quedan de concebir a un ser humano que crecerá en un país en el que cada vez nos amamos menos los unos a los otros.
En la universidad discutí muchas veces con un profesor acerca de la libertad de las personas. Él siempre dijo que los hombres nacen libres y yo le decía que para mí no nacemos libres, sino que nos hacemos libres a través de nuestra vida, de nuestros actos. No se trata de quién haya tenido la razón; pero, en este caso, ¿podríamos decir que somos libres si se nos niega el acceso a la píldora del día después? ¿Es democrático un país que entrega mayores posibilidades de regular su descendencia a quienes tienen los recursos económicos para hacerlo? ¿Qué tal si decido no tener hijos?
Se me pone la piel de gallina al pensar en todos los niños que nacen sin ser amados y que viven parte de su vida en pésimas condiciones. No apruebo el aborto, pero tampoco lo prohíbo. Invito a pensar en lo que estamos entregando a los que nacen y en el derecho que tenemos a dar la vida, porque no sólo debiéramos discutir si podemos quitar la vida, si no también por qué darla y en qué contexto lo hacemos, para qué concebimos… ¿sólo para preservar la especie?
Qué pasa con las malas madres, con las familias destruidas, con los hogares de niños y todos aquellos que esperan la adopción.
¿Cómo se puede defender la vida si ni siquiera respetamos la libertad y los derechos del otro?
Por otra parte, espero que al menos uno de los protestan con carteles para que prohíban la píldora y sus derivados, alguna vez le haya dado siquiera un plato de comida a un niño que pide limosna en la puerta de su casa.
¿Parezco exagerada? Tal vez. Paseen por alguna de las calles más pobres de Chile y sabrán de exageraciones, de imágenes grotescas, de situaciones injustas, de falta de democracia, oportunidades y libertad. Entonces, si no somos capaces de construir juntos un mundo mejor, por muy utópico que suene, si no proporcionamos los medios para que tantas mujeres dejen de pensar en el aborto como una buena opción, si el que levanta un cartel en contra de la píldora no apoya a quienes más lo necesitan, sería bueno que comenzara a bajar las manos y las metiera en su bolsillo… no para dar dinero, sino para meditar acerca de lo que exige poniendo en jaque la libertad de otros.
Mientras tanto, no dejo de preguntarme si a alguno de ellos realmente le importa lo que pasa cuando nace un niño no deseado en un hogar pobre, si bajará de su nube para sostenerlo y ayudar a que crezca con las oportunidades que tuvieron sus propios hijos o ellos mismos. La vida es mucho más que una bandera de lucha.
Ah, se me olvidaba. Tomé la píldora y me sentí horrible, no porque creyera que aborté: anduve con náuseas y dolor de estómago... Por si las dudas, estoy segura que no aborté.
En la universidad discutí muchas veces con un profesor acerca de la libertad de las personas. Él siempre dijo que los hombres nacen libres y yo le decía que para mí no nacemos libres, sino que nos hacemos libres a través de nuestra vida, de nuestros actos. No se trata de quién haya tenido la razón; pero, en este caso, ¿podríamos decir que somos libres si se nos niega el acceso a la píldora del día después? ¿Es democrático un país que entrega mayores posibilidades de regular su descendencia a quienes tienen los recursos económicos para hacerlo? ¿Qué tal si decido no tener hijos?
Se me pone la piel de gallina al pensar en todos los niños que nacen sin ser amados y que viven parte de su vida en pésimas condiciones. No apruebo el aborto, pero tampoco lo prohíbo. Invito a pensar en lo que estamos entregando a los que nacen y en el derecho que tenemos a dar la vida, porque no sólo debiéramos discutir si podemos quitar la vida, si no también por qué darla y en qué contexto lo hacemos, para qué concebimos… ¿sólo para preservar la especie?
Qué pasa con las malas madres, con las familias destruidas, con los hogares de niños y todos aquellos que esperan la adopción.
¿Cómo se puede defender la vida si ni siquiera respetamos la libertad y los derechos del otro?
Por otra parte, espero que al menos uno de los protestan con carteles para que prohíban la píldora y sus derivados, alguna vez le haya dado siquiera un plato de comida a un niño que pide limosna en la puerta de su casa.
¿Parezco exagerada? Tal vez. Paseen por alguna de las calles más pobres de Chile y sabrán de exageraciones, de imágenes grotescas, de situaciones injustas, de falta de democracia, oportunidades y libertad. Entonces, si no somos capaces de construir juntos un mundo mejor, por muy utópico que suene, si no proporcionamos los medios para que tantas mujeres dejen de pensar en el aborto como una buena opción, si el que levanta un cartel en contra de la píldora no apoya a quienes más lo necesitan, sería bueno que comenzara a bajar las manos y las metiera en su bolsillo… no para dar dinero, sino para meditar acerca de lo que exige poniendo en jaque la libertad de otros.
Mientras tanto, no dejo de preguntarme si a alguno de ellos realmente le importa lo que pasa cuando nace un niño no deseado en un hogar pobre, si bajará de su nube para sostenerlo y ayudar a que crezca con las oportunidades que tuvieron sus propios hijos o ellos mismos. La vida es mucho más que una bandera de lucha.
Ah, se me olvidaba. Tomé la píldora y me sentí horrible, no porque creyera que aborté: anduve con náuseas y dolor de estómago... Por si las dudas, estoy segura que no aborté.
